Un día, a un artista hijo de panadero llamado Kittiwat Unarom se le ocurrió la original idea de hacer panes como si de cuerpos humanos se tratara y conseguir así el master que estaba haciendo. Pronto se puso manos a la obra, utilizó libros de anatomía e hizo varias visitas a museos forenses para crear estas obras de... arte.
Y es que el pobre sufrió al principio los reveses propios del artista incomprendido:
"Por supuesto, la gente se sorprendía y pensaba que estaba loco cuando veían los trabajos. Pero una vez conocían la idea que había detras, comprendían y se sentían interesados en el propio trabajo, en lugar de pensar que estoy loco.
La idea que quería mostrar es que no hay que juzgar sólo por las apariencias y que la gente recapacite si cada vez que estén comiendo, están consumiendo comida o la comida es la que está consumiéndoles a ellos.
"Actualmente todos tienen una vida acelerada, incluso cuando se trata de comer. Cuando comemos, no pensamos en nuestra salud o seguridad, sólo pensamos en el sabor".
El artista panadero, como podemos ver en las siguientes fotografías, crea cualquier parte humana que se presente:
Cualquiera diría que la última fotografía es un aula de disección en lugar de una panadería. Me recuerda a mi primer año de medicina cuando, por curiosidad, abría unos recipientes metálicos del tamaño de una persona para ver qué había en ellos: La escena era prácticamente idéntica a la última imagen sólo que ahí no había pan...
Noticia (es algo antigua, pero merece la pena darla a conocer)
Un ingenioso artista se ha dedicado a "diseccionar" dibujos animados antiguos y actuales para que veamos más claramente como es el interior. Cada estilo de dibujo tienes sus peculiaridades antropomórficas. Fantasía e imaginación científica, todo en uno.
Aquí por ejemplo podemos ver el interior de Pikachu y asombrarnos de que la columna vertebral del ratón eléctrico pueda soportar semejante cráneo. ¿Sufrirá de artrosis vertebral prematura por la excesiva carga llegado a una determinada edad?
Aquí podemos ver a la famosa Betty Boop:
Aunque me queda una duda... ¿Cómo será capaz de vocalizar sin tener el maxilar inferior? ¿Se lo extirparon o fue un defecto congénito? ¿Dónde se situará entonces la lengua?
En fin, mejor no sigo que estoy patologizando a los pobres dibujos, qué culpa tendrán de mi deformación "profesional".
Como comentaba hace unos días, en la entrada sobre el mito de la cola de reptil en embriones humanos, el ser humano sí conserva un elemento vestigial de una cola, el cóccix. Se trata de un hueso en la parte final del sacro (el final de la columna vertebral) y salvo que tiene algún papel poco importante en funciones como sentarse o ejercer de "airbag" durante una caída, es un elemento que no aporta demasiada utilidad. Sin embargo, en muy raras ocasiones (hay poco más de 100 casos documentados), un bebé nace con algo más que el cóccix: una cola.
Normalmente suele extirparse nada más nacer pero, a veces, esto no ocurre y encontramos adultos que siguen conservándola:
Aunque en medicina se le llame cola, en la mayoría de los casos, no lo es tal. Una cola normal, que podemos ver por ejemplo en cualquier gato o perro, posee una serie de huesos, cartílagos, médula espinal y una serie de músculos asociados que permiten su movimiento. Los niños que nacen con cola normalmente no van a tener huesos, cartílagos ni médula espinal y los pocos músculos que se encuentran, al carecer de huesos a los que insertarse no van a permitir una contracción coordinada. Lo que sí que hay será tejido conectivo, músculos, vasos sanguíneos, nervios y piel.
Todo esto lleva a que la cola pueda moverse y contraerse a voluntad del niño, aunque estos movimientos van a ser limitados e incoordinados.
En estas dos radiografías podemos ver más claramente las diferencias entre la cola de un gato y las de un bebé con una cola "normal".
En la fotografía de arriba se puede ver muy bien los distintos huesos (vértebras) de la cola. Además, el gato posee una dislocación (cosa que nunca ocurriría en la cola de un bebé puesto que no hay huesos), por eso está algo desviada en donde apunta la flecha.
Aquí, en cambio, es prácticamente imposible distinguir la cola en la radiografía al no existir huesos. Además, elementos como el tejido conectivo, músculos, vasos sanguíneos, nervios y piel que sí están presentes, no suelen distinguirse entre sí en las radiografías. Por lo que aunque estén ahí, se “camuflan” con los tejidos de alrededor que tienen una tonalidad similar. Si se hubiera tomado la radiografía en otra posición, con la cola apartada del cuerpo, se podría distinguir muy levemente unos tejidos. Esa radiografía corresponde al tipo de cola que se suele encontrar de forma más frecuente (dentro de la rareza) y corresponde a esta niña:
Aunque antes mencionaba que las colas normalmente no suelen ser tales, muy excepcionalmente aparecen colas auténticas en humanos, que, a diferencia de las anteriores, poseen vértebras y cartílagos. Debido a ello, son totalmente visibles en las radiografías:
A pesar de que la causa de esta rareza todavía no se conoce con profundidad, se piensa que se debe a una mutación genética que reactiva un carácter oculto de nuestro desarrollo evolutivo que se ha mantenido reprimido en el genoma. De la misma forma que hace poco unas mutaciones en unos pollos provocaron que les salieran dientes y justamente se trataran del mismo tipo que el de sus antepasados.: Pollos mutantes con dientes
Recientes investigaciones refuerzan aún más esta teoría. Gracias a que se descubrieron los genes que controlaban el desarrollo de la cola en ratones y otros vertebrados, se pudo comprobar que estos genes también se han descubierto en el genoma humano. La razón por la cual, no llegamos a desarrollarla a pesar de tener los genes para ello se debe a una regulación a la baja de estos genes que provoca al final la apoptosis (muerte celular programada) de las células que estaban destinadas a formar una cola. Explicado de forma sencilla, tenemos las órdenes del jefe para desarrollar una cola, pero el mensaje termina perdiéndose por el camino. Como consecuencia de ello, la única etapa en la que se observa una cola en el ser humano es entre las cuatro y ocho semanas de embarazo. Exceptuando, claro está, a aquellos que poseen una auténtica cola, que la poseerán toda la vida si no se extirpa.
Si los que tanto criticaban y se mofaban de Darwin levantasen la cabeza y vieran a estos niños se darían cuenta de cómo la ironía de una imagen se puede volver en su contra justo como un boomerang:
No está de más volver a recordar la antigua broma, no vaya a ser que los creacionistas y su vertiente más moderna, los defensores del diseño inteligente, carezcan de memoria histórica. Ya se sabe que quién rie el último, rie mejor.
Ayer vi El Señor de la Guerra. Una buena película, plasma de forma excelente hasta donde puede llegar la decadencia humana. Pero como toda película tienes sus fallos y aunque casi todos se me habrán pasado desapercibidos, hay uno que, por razones obvias, no se me ha escapado:
Me ha hecho gracia la frase, no por el hecho en sí, sino porque refleja la creencia de muchas personas. Al fin y al cabo el cine es el reflejo de la cultura de dónde se crea. En el momento en que ves una afirmación así en la pantalla grande, sabes que es porque viene "respaldada" por mucha gente desde atrás. Y si un mito estaba ya asentado, con la difusión que le permite la película, éste se extiende aún más.
La "cola" a la que se refiere este odioso personaje encarnado por Nicolas Cage es exactamente esta:
Alguien al ver las imágenes quizás piense: "¡Coño! ¡Pues tenía razón el traficante, sí tenemos cola de reptil cuando somos fetos a los cuatro meses y medio!"
Primer error, esas fotos no son de cuando el feto tiene cuatro meses y medio, sino cuando está de cuatro semanas. Luego no es un feto, sino un embrión. La diferencia entre uno y otro es la etapa de desarrollo. Llamamos embrión cuando está entre los 15 días y las 8 semanas de desarrollo. A partir de ahí y hasta el nacimiento se le llama feto.
Como podemos observar en un feto de cuatro meses, ya no se aprecia ninguna cola (bueno, si quisiéramos hacer algún chiste con doble sentido, con un 50% probabilidades puede que sí):
Segundo error, las apariencias engañan. Lo que podría parecer una cola de reptil en realidad es algo muy distinto. Se trata sencillamente del desarrollo de la columna vertebral por la zona inferior. Al principio la longitud de ésta es muy grande comparada con el resto del cuerpo del embrión y por eso se parece a una cola de reptil. Cuando pasan las semanas y el cuerpo va creciendo esta cola prácticamente desaparece, sólo queda un vestigio, pero de una verdadera cola, concretamente el cóccix, uno de los órganos vestigiales. Estrictamente hablando, el único remanente de cola que puede considerarse como tal es el cóccix y no es de un reptil, sino de nuestros antepasados de hace más de 20 millones de años, unos antepasados comunes al mono, pero no los monos tal y como los conocemos.
Aquí podemos ver de forma acelerada el desarrollo del embrión y cómo desaparece poco a poco esa cola:
Este mito de la cola de reptil no apareció porque sí y de forma aislada. Tiene su origen en la teoría de la recapitulación. Actualmente, esta teoría está parcialmente rechazada y sólo algunos hechos se aceptan. Hecho al que se agarran los creacionistas como un clavo ardiendo. Extrapolando de forma simplista y con medias verdades al decir que como esa teoría es falsa, luego también es falso que seamos el fruto de la evolución de especies anteriores.
De forma resumida lo que defiende es que durante el desarrollo del organismo se pueden observar paso por paso todas las etapas de su historia evolutiva, lo que se denomina filogenia.
Por ejemplo, si tuviéramos el embrión de un pollo. Según esta teoría, lo que tendríamos que encontrar sería esto:
Cuando, en realidad, lo que encontramos es esto:
Sin embargo, sí que es cierto que comparando morfológicamente embriones de diferentes especies entre sí podemos hacernos una idea de su proximidad. Cuánto más similares sean los embriones/fetos en etapas más tardías del desarrollo, normalmente más próximas serán dichas especies. Pero no por ello se pueden afirmar cosas como que tenemos cola de reptil porque simplemente se le parezca.
En esta famosa imagen de Haeckel, el autor de la teoría de la recapitulación, vemos las semejanzas y diferencias de varias especies en distintas etapas del desarrollo.
Así pues, la creencia actual de la cola de reptil es irónicamente un remanente cultural de la teoría de la recapitulación en nuestra sociedad.
Gracias a Josantonio71 de la Neurona Absurda me entero por este post de una Web en Flash sobre la musculatura facial y su dinámica: ARTnatomía
No sólo aporta cantidad de datos curiosos sobre cada músculo, sino que puedes comprobar interactivamente qué ocurre cuando se contrae y el resultado final que da a la expresión de la cara. Por eso es útil tanto para estudiantes de medicina como para estudiantes de Bellas Artes que deseen reflejar de forma realista la expresión facial.
Aunque también se pueden hacer algunas gracias:
Por ejemplo, podemos saber qué musculos contrae Carlos Sobera cuando está al borde de provocar un ataque de ansiedad a los pobres concursantes de 50x15:
O comprobar lo que tuvo que sufrir el músculo cigomático mayor de Jack Nickolson para interpretar al Jocker (debería salir las letras en color rojo, pero la web falla en eso):
Y se pueden poner muchísimos ejemplos más, es cuestión de echarle imaginación, memoria y tiempo.
A diferencia de ahora, donde las imágenes anatómicas son en su mayoría fotos o dibujos que casi podrían pasarse por fotos, hace siglos cuando las ilustraciones se hacían a mano, el autor se permitía la licencia de mezclar arte y medicina. También es cierto que se ajustan menos a la realidad, pero al contemplarlas ya no sólo ves huesos y músculos, hay algo más.
Ese "algo" que no se puede ver en los actuales libros de medicina por muy rigurosos que sean (Sobotta y Netter, entre los más famosos). Los sentimientos y el arte que se veían en las ilustraciones dejaron paso a la aséptica y objetiva realidad de las fotos. Pero no está de más volver la cabeza de vez en cuando al pasado y disfrutar de aquel arte didáctico tan peculiar.
Imaginemos que, por casualidad, nos encontramos ante unos restos óseos bastante conservados, no están rotos y la mayoría del esqueleto está presente. ¿Cómo podríamos saber con seguridad si se trataba de un hombre o de una mujer? Ni qué decir tiene que no tenemos el dinero ni los medios de CSI y tampoco a nadie a mano para que nos haga un análisis del ADN a la velocidad de la luz para conocer el sexo según los cromosomas que posea. Tan sólo tenemos nuestros conocimientos básicos de anatomía y es con lo que tendremos que apañarnos.
Lo primero que tenemos que recordar es que la pelvis es la clave para distinguir ambos sexos. Ésta es muy diferente entre ellos y se debe exclusivamente a una razón, la pelvis femenina tiene una serie de características especiales que permiten la realización del parto. Aunque hay otros huesos que nos muestran ciertos indicios del sexo (mandíbula, bóveda craneal, etc) el que más información nos va a aportar va a ser la pelvis. Otro hecho que ayudaría sería conocer la densidad de los huesos. Los hombres suelen tener una mayor densidad ósea que las mujeres a una misma edad. Pero dado que no conocemos la edad del esqueleto y ésta es difícil de hallar si no es a través de otras tareas más complejas, sólo nos servirá para valorar todo el conjunto.
Aquí tenemos veríamos como es la pelvis de cada sexo desde arriba:
He coloreado a mano (se nota) las zonas y contornos que van a ser más importantes para diferenciarlos.
1. El diámetro transversal de la cavidad pélvica de la mujer es mucho mayor que el del hombre. Hecho totalmente necesario para que la cabeza y los hombros del feto puedan pasar cuando se desencadene el parto.
2. Las espinas ciáticas (las protuberancias óseas que salen rodeadas de verde) son mucho más grandes en el varón y se observa como se encuentran muy cerca del hueso rodeado de azul, que se trata del cóccix.
3. El arco detrás de la zona central del pubis (sínfisis pubiana) es mucho más amplio en la mujer que en el hombre.
4. En la mujer el sacro, junto al pubis, se encuentra desplazado hacia atrás. Mientras que en el varón observamos claramente como sobresale.
Como resultado de estos cuatro factores, la cavidad de la pelvis femenina es mucho más amplia que la masculina.
Un truco que puede ayudar para saber el sexo de una forma muy fácil (e infantil, dicho sea de paso) es hacernos una imagen mental del contorno de la cabeza de Mickey Mouse. Si el contorno de la cavidad de la pelvis es como la cabeza de un Mickey Mouse obeso es probable que sea la de una mujer. Si por el contrario el contorno se asemeja más al Mickey Mouse normal o delgadito, lo más seguro es que se trate de un hombre.
Si pasamos a ver ahora la pelvis como si la tuviéramos enfrente:
Vemos como el arco púbico (en rojo) de la mujer tiene forma de U invertida, mientras que la del hombre tiene forma de V invertida. El arco púbico de mayor amplitud de la mujer se debe a lo mismo que las características comentadas anteriormente, facilitar la expulsión al exterior del feto.
Y con toda esta suma de peculiaridades podemos saber, con bastante probabilidad el sexo. Claro que hay excepciones, si se trata de un niño/a de corta edad, las diferencias anatómicas en la pelvis serán más difíciles de ver. Y también puede ocurrir, aunque es poco frecuente, que una mujer tenga una pelvis más parecida a la del hombre. Cuando llegara el momento del parto, o bien tendría muchas dificultades o directamente le resultaría imposible llevarlo a cabo. Y es que las adaptaciones de la pelvis femenina son imprescindibles. El paso a través de los excasos 13 centímetros del canal del parto es uno de los viajes más peligrosos que realiza el ser humano. De hecho, el riesgo de mortalidad durante el parto es similar al riesgo acumulado de la persona durante 30 años de vida.