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31 octubre 2005

¿De verdad el Ser Humano avanza?

No he podido evitar ponerme a pensar sobre ello tras leer gran cantidad de noticias internacionales y nacionales. La mayoría, evidentemente, negativas: Guerras, genocidios, atentados, robos, asesinatos, injusticia, violencia, violaciones, desinformación, manipulación, fanatismos, racismo, pobreza… Un resumen a grosso modo de lo que se presenta en los periódicos, televisión e Internet a cada momento.

De normal, en cualquier otro día, habría pasado de página, habría cambiado de canal o habría visitado otra página web y habría apartado todo de mi mente. Es frustrante, saber todo eso y no poder hacer prácticamente nada. Como simples espectadores, no estamos directamente involucrados. O quizás es lo que nos gustaría pensar. Quizás estamos involucrados por formar parte de la misma sociedad global y de vivir en el mismo mundo pero nuestra dificultad para cambiar algo nos lleva a pensar que no lo estamos. Así la conciencia queda más tranquila. Y podemos seguir comiendo o cenando tranquilamente mientras vemos como cientos de personas mueren por un atentado o se suicidan en nombre de un dios como si no tuviera que ver con nosotros. No puedo soportar mantenerme indiferente, pero tampoco puedo tenerlo en cuenta siempre, mi ego terminaría haciéndose pedazos.

Entonces, recordé. Recordé la visión de algunas personas de mi alrededor. “Cualquier tiempo pasado fue mejor” “La sociedad está corrompiéndose”dicen.
Y tras ello recordé la visión de los que afirman continuamente “La sociedad está avanzando, el progreso nos llevará lejos” “Nos esperan tiempos mejores”.

Y no es cierto, ni una visión, ni la otra. La sociedad en general, el ser humano siempre fue, ha sido y será así. Porque la naturaleza humana permanece siempre igual.

Antes quiero matizar exactamente a qué me refiero. Según la definición de avanzar vendría a ser igual a progresar o mejorar. Ahora bien, cuando decimos que “Estamos avanzando”, ¿a qué nos referimos? Si nos referimos a los avances tecnológicos, médicos, de comunicación, de conocimientos y descubrimientos, sí, lo hacemos. Pero no podemos referirnos a ese campo como un todo y ya decir por ello que el ser humano progresa. El ser humano es más que todo eso, no podemos simplificar su avance sólo en esos hechos. Porque antes, está la Humanidad, y con ello me refiero al conjunto de valores éticos y bienestar social. Y en eso, no avanza, sólo va a altibajos durante toda su historia.

Porque en toda la historia ha habido guerras, genocidios, atentados, robos, asesinatos, injusticia, violencia, violaciones, desinformación, manipulación, fanatismos, racismo, pobreza…

Y por mucho que avance la ciencia y la tecnología, estos continúan estando. Porque la ciencia y la tecnología son aprovechadas por la naturaleza humana. Es tan sencillo como que la utilización de un cuchillo puede servir como herramienta o como arma. Todo puede ser beneficioso o destructivo según la mano en las que esté.

Tenemos mayores conocimientos que antes, pero también existen mayor número de supersticiones. Unas se han preservado (horóscopos, por ejemplo) y otras han aparecido como consecuencia de la ignorancia mezcladas con nuevas tecnologías (los mensajes en cadena de la suerte por ejemplo)
Es decir, proporcionalmente, el nivel de conocimientos ha aumentado, pero también proporcionalmente lo ha hecho la ignorancia relativa de todo el total de esos conocimientos.

Un ejemplo de esto fue el origen del Nazismo como consecuencia de la simplificación y tergiversación de la Teoría del Superhombre de Nietzsche y diversas teorías inventadas para engañar a la población y que estuvieran convencidos de su “supremacía” aria. Lo que llevó al final a la matanza indiscriminada de millones de personas.

Tenemos más medios de comunicación que nos informan, pero también que nos desinforman y mienten, siendo manipulados. (La guerra de Irak no sólo ha sido una guerra militar, ha sido también una guerra mediática.)



Al tiempo que se crean nuevos fármacos, se desarrollan nuevas armas. A la vez que unas sociedades se enriquecen y el bienestar social aumenta otras empobrecen y llegan a unas condiciones sociales pésimas.


Y en cuanto a las personas, al igual que hay personas que matan también las hay que salvan vidas, de la misma forma que hay gente que roba también hay gente que regala…

El problema es que todos estos extremos están desequilibrados hacia el lado menos optimista.

Supongo que eso evidencia la libertad del ser humano para elegir qué camino tomar, el libre albedrío.


Una canción que refleja lo que quiero decir:

Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...
¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...
¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...


Enrique Santos Discépolo.


Y en cuanto a las guerras y los genocidios….
Dicen que quien no sabe de historia está condenado a repetirla. Je, gran falacia, si el que gobierna está interesado en repetirla, lo hará sin que ello suponga una condena.
O díselo a algunos judíos o negros que fueron discriminados en su día y ahora ellos son los que discriminan.

Y no es cuestión de saber o no saber, es puro interés.

Porque la historia se escribe con acciones y esas acciones se llevan a cabo por personas debido a sus propios razonamientos. Odio como la mayor parte de las veces el estudio de la historia lo simplifica en acciones y efectos y no se mete para nada en el por qué, en la razón de las acciones, en la psicología de la historia. Si se hiciera sería fácil comprobar por qué ésta se repite.


Con razón, el hombre es el único animal que tropieza dos veces en una misma piedra. Aunque yo lo cambiaría a “El hombre es el único animal que tropieza indefinidas veces en indeterminadas piedras”, sería más (por muy irónica que me quede la palabra) “exacto”.


Y es que el ser humano se mueve en bucles. Dando vueltas en círculo (los altibajos de los bucles) en cuanto a la situación social y sólo avanzando constantemente en conocimientos y tecnología a lo largo del tiempo.

Aún así, dudo y temo de si esos bucles llegarán alguna vez a formar un círculo, que nuestra propia estupidez nos lleve al principio incluso de esos conocimientos y esa tecnología, en lo único que habíamos avanzado constantemente.

“No sé cómo será la Tercera Guerra Mundial, sólo sé que la Cuarta será con piedras y lanzas” Einstein.

¿Llegarán alguna vez esos bucles a cerrarse en un círculo como un eterno retorno? ¿O tendrán un final al igual que tuvieron un principio?

26 agosto 2005

Evolución, selección y muerte

Hoy quería postear un ensayo que escribí hace años y que pensé volver a desarrollar cuando tuviera las respuestas para algunas de las preguntas que me hice en su día y no era capaz de responder. Primero pondré el original y más tarde haré un desarrollo más extenso y respondiendo a algunas preguntas del original. Es curioso como con el paso de los años, lo que sabía y pensaba cada vez me parece más y más limitado con lo que voy aprendiendo cada día. Y lo que sé ahora me parecerá de risa con lo que sepa en un futuro. Buena señal, significará que no me quedo estancada y avanzo de alguna manera.


Mucho ha sido lo que se ha investigado, comentado y estudiado sobre la evolución y los hechos que de ella derivan y que todavía hoy no alcanzamos a conocer. Que la evolución va de una manera directa ligada a la selección natural es algo ahora indiscutible. Los seres vivos (hasta aparecer el ser humano) sobrevivían en un mundo cambiante mediante la selección natural y de esa forma la especie sobrevivía con cambios progresivos aunque necesarios para su supervivencia.


En todo este proceso el organismo mejor dotado en el ambiente que se encontrara sobrevivía y ese rasgo favorable adquirido podía ser transmitido a generaciones siguientes gracias al ADN. Esta molécula, portadora de la información de los seres vivos, ha sido la memoria de esos cambios durante millones de años, desde que apareciera el primer organismo vivo con esta molécula ya presente. Ella ha sido, a través de cambios, beneficiosos y perjudiciales para el ser vivo, la que ha determinado la supervivencia de especies en concreto. De esta forma sólo los cambios que resultaban beneficiosos podían ser transmitidos mientras que aquellos que no lo eran, a la larga, y en la mayoría de las ocasiones desaparecían. Podemos decir, por tanto, que esta molécula que poseemos actualmente ha sido el resultado de correcciones continuas a través de ambientes cambiantes. Porque no podemos olvidar que la razón por la que la mayoría de los seres vivos morimos no es sino por la incapacidad de nuestro cuerpo a cambiar, sólo a través de la muerte y, anteriormente, a través de la descendencia se pueden ir poco a poco produciendo esos cambios.


Si estos cambios no se produjeran, las especies como las conocemos actualmente no existirían, en lugar de ello habría una acumulación de individuos idénticos, sin posibilidad de cambio, que, ante una leve variación en su medio, desaparecerían totalmente. La muerte surge como un mecanismo de regulación, unas generaciones deben transmitir cambios y después morir, de no ser así, y ambas cosas no se produjeran, se produciría la extinción en masa de todos los seres vivos. La transmisión de información conlleva la adaptación, y la muerte, la regulación como consecuencia de la imposibilidad de poseer cambios apreciables en un individuo durante una generación. Si bien, esta se debe a otros factores, como enfermedades, mutaciones, etc., no debemos olvidar que nuestras células están programadas para envejecer y morir. Es algo inherente a la mayoría de los seres vivos. Sólo en contadas especies se logra evitar esto pero con el alto precio de permanecer completamente igual en un medio inestable. En el momento en el que el proceso de cambio fuera lo suficientemente drástico moriría igualmente y, en número, a una escala mayor e incluso llegando a la extinción. Lo mismo ocurriría si en lugar de transmitir esos cambios sólo se hicieran copias de un mismo individuo como ocurre en procesos como la segmentación, bipartición... Todos los organismos resultantes serían idénticos, e idénticamente vulnerables a modificaciones externas en su hábitat.

Sin embargo el ser humano ha logrado abandonar a medias este proceso. Somos capaces de modificar el ambiente en el que vivimos, ya no estamos sometidos totalmente a las influencias externas y si es así, ¿Qué nos impide evitar entonces la muerte si en lugar de transmitir los cambios a nuestras generaciones, estos se los podemos aplicar con un fin estabilizador al medio? Las razones son muy variadas, llevamos ya “inmersos” en nuestros genes el reloj interno de nuestra vida, el que aparece para la eliminación de los individuos ancianos para dejar paso a los jóvenes con cambios útiles heredados. Nuestro metabolismo, un arma de doble filo, altamente eficiente en la obtención de energía pero destructora de nuestro cuerpo a la larga debido a los radicales libres que van surgiendo a lo largo de nuestra vida. Las enfermedades, debido a la invasión de organismos externos en nuestro cuerpo se producirán durante todo el tiempo que dure la humanidad. La erradicación de las enfermedades es sólo una utopía, sólo podemos “acallarlas” durante un breve periodo de tiempo, después aparecerán cepas resistentes y de nuevo atacarán llevándose a cabo este proceso continuamente.
El ADN, la molécula memoria de los organismos carece de una replicación perfecta a lo largo de la vida del individuo, ésta se va degenerando con los años inevitablemente y va dando lugar a enfermedades y en último lugar, la muerte.


Y por último, sólo estamos a medio camino de salir del proceso de la selección natural. Seguimos indudablemente ligados a ella. Aunque ya no nos es necesario buscarnos nuestro alimento porque podemos producirlo, aunque podemos mantener nuestra temperatura corporal mediante muchas variadas formas, aunque con nuestra inteligencia podamos crearnos utensilios que nos permiten realizar tareas imposibles por nosotros mismos seguimos ligados a nuestro medio ya que lo único que hacemos no es sino estabilizarlo dentro de unos límites posibles. Salimos del proceso de selección natural porque nosotros “seleccionamos” el medio dentro de unos límites, pero esos límites siempre pueden evitar el proceso estabilizador y entonces es cuando se produce la selección natural. Y aunque podamos algún día rebasar esos límites aún queda por conocer de que cuantas formas estamos adaptados al medio. Sabemos sin lugar a dudas desde hace mucho tiempo que la temperatura, la presión, el contenido atmosférico, los aportes nutritivos son factores a los que hemos estado adaptados de manera apreciable. Sin embargo, actualmente, sabemos que dependemos totalmente de algo que considerábamos tan innato a nosotros como la gravedad terrestre. Fuera de valores normales de gravedad el ser humano va degenerando en los huesos lentamente.

Recientemente, se están llevando a cabo investigaciones sobre las ondas electromagnéticas, quizás uno de los factores a los que estemos más adaptados y que nos pasa desapercibidos. Pues si nuestro cerebro trabajado con ondas eléctricas, ¿qué nos impide pensar que estas ondas estén adaptadas de manera directa o indirecta con el campo electromagnético (y también variable con el paso del tiempo) terrestre?

Todavía desconocemos muchos factores que impide la vida eterna del ser humano, todavía no sabemos las dimensiones de adaptación completas que éste posee de manera inconsciente, y aunque algún día los conociéramos, ¿podríamos ser capaces de estabilizarlas a nuestro favor?, y una vez llevado a cabo esto, ¿podríamos evitar los fallos de replicación, los fallos del metabolismo, el “reloj interno” celular, procesos inherentes a nosotros mismos que aún desconocemos y que provocan nuestra degeneración?


Y una vez que todo esto pudiera llevarse a cabo, ¿sería entonces el ser humano psíquicamente capaz de vivir eternamente? ¿O acaso el ser humano estuviera adaptado psicológicamente también a la muerte? ¿Podríamos vivir con la idea de no morir nunca y mantenernos cuerdos a lo largo de incontables años? ¿De qué serviría entonces si todo esto no llevaría sino a la limitación de los nuevos individuos para mantener la población, y al final, a la pérdida de una de las características inherentes a los seres vivos como es la reproducción? Al final no seriamos sino seres vivos sin cambios en un medio artificialmente estable como consecuencia de ello. En el momento en el que surgiera una leve modificación todos los individuos morirían masivamente y todo el esfuerzo hubiera sido en vano. Entonces, ¿Qué lleva al hombre a evitar la muerte? O mejor dicho ¿qué lleva al hombre a retrasarla?, ¿la obsesión de librarse de ella de forma permanente? ¿O la obsesión de nosotros mismos para permanecer como individuos, sin importar las consecuencias de que el conjunto sea cada vez más dependiente de su propia tecnología y más vulnerable?

02 agosto 2005

La distancia que separa las ideas de las palabras

Ahora que tengo conexión "estable" (la que el alcance de las ondas wi-fi me permiten) postearé más a menudo. Si el tiempo libre y la inspiración se juntan en el momento adecuado, claro está. Muchas veces tenemos el tiempo pero no las ideas y a veces las ideas pero no el tiempo. Ocasiones en las que tenemos el tiempo y las ideas pero la dejadez gana. Y veces que existen las ideas pero no sabemos darle forma o unirlas de forma que puedan ser expresadas con claridad, fluidez e incluso que lleguen a ajustarse perfectamente a lo que tenemos en mente.


¿Cuántas veces nos ha pasado que no hemos sabido plasmar con palabras nuestros pensamientos que tan claros nos parecen a nosotros mismos? Y también de plasmarlos y notar la sensación de que esas palabras cojean, que todo su conjunto no es nada más que una aproximación burda de lo que nuestra mente piensa.

Ahora mismo, mi mente intenta encontrar las palabras que más se ajusten para manifestar mis ideas, buscando sinónimos, encontrando nexos, dando vueltas en circulos sobre las mismas frases para que se acerquen cada vez más a mis pensamientos que quiero expresar. Pero hay un límite, cuando me doy cuenta de que hay cosas que no pueden expresarse en esas confusas palabras. Que el mismo lenguaje está limitado y que puede confundir a los demás y a nosotros mismos. Palabras como justicia, amor, odio, no son sino comodines, conjuntos de letras que utilizamos para referirnos a ideales e ideas complejas. Por eso, esas palabras tendrán distinto significado para quien las utilice, puesto que su visión, sus pensamientos asociarán esas palabras con la experiencia previa que
tenga de ellas.


Palabras como banco, pluma o gato, que por si mismas, aisladas, no tendrían un significado concreto, sino que dependen de las palabras de alrededor para que podamos encontrarlo, a través del contexto. Palabras como azul, rojo, amarillo, que nos aproximan a imaginar un determinado color, pero que no indican exactamente el que tenemos en mente. No podemos reflejar la intensidad, el brillo, la tonalidad que nosotros conocemos y que al transmitirse por palabras esos detalles van perdiéndose.

Además, cuando estas palabras se expresan por el habla, son espontáneas, el significado se distancia aún más del pensamiento original y los detalles se van perdiendo más y más. En esa espontaneidad en la que hablamos con alguien, omitimos detalles y elegimos rápidamente palabras para que el tiempo utilizado sea mínimo. Resumimos, recortamos y transpapelamos los pensamientos.


Hace unos días, cuando volvía en coche después de haber bebido lo suficiente para que las palabras fueran más espontáneas, pero no lo bastante como para ser incomprensibles me di cuenta de la razón de esa mayor fluidez a la hora de hablar. No racionalizaba tanto lo que iba a decir, no intentaba ajustar las palabras a las ideas, simplemente elegía las que más a mano tenía sin molestarme en comprobar que eran las perfectamente adecuadas. Adquiriendo fluidez en el diálogo pero distanciamiento de las ideas originales.Sin embargo, ahora, que escribo, (un lenguaje no espontáneo), sopeso cada palabra, cada relación con la siguiente, la fluidez disminuye pero me acerco más a mis pensamientos (hasta dentro de un límite).



Se sabe que el lenguaje humano ha ido evolucionando. Primero las pinturas, después el lenguaje hablado, más tarde la escritura... ¿Y si la siguiente evolución en el lenguaje fuera otra forma mucho más exacta y ajustada a los pensamientos, en los que no tuvieramos que utilizar palabras como instrumentos, sino expresando directamente las ideas? Una especie de telepatía en la que pudiéramos transmitir las ideas en estado puro y de forma espontánea. Es difícil de imaginar, de la misma forma que no podemos imaginar como sería si pudiéramos ver colores que ahora no podemos ver pero otros animales sí o escuchar sonidos que no podíamos escuchar. Con razón algunas escuelas filosóficas trataron (sin éxito) de crear un lenguaje por palabras que fuera totalmente ajustado a la realidad, pero cometieron un error de base, el uso de las palabras.

11 junio 2005

El efecto mariposa y la teoría del Caos

Escuchando One thousand miles - Vanessa Carlton

Esta tarde he estado viendo la película de "El efecto Mariposa". Me ha gustado bastante aunque no es que fuera muy original en cuanto a su argumento.
Básicamente el protagonista sufre durante su infancia crisis de memoria. Al marcharse de su pueblo deja de tenerlas, pero se da cuenta que algunos hechos determinantes de su vida pasada han tenido consecuencias trágicas en la gente que le rodea. Entonces es cuando empieza a recordar al leer los diarios que escribía de pequeño y descubre que puede cambiar su pasado para intentar solucionarlo. Pero por mucho que intenta cambiar determinados sucesos clave el resultado es totalmente inesperado e incluso contrario al que deseaba. Haciendo aún más desgraciados a la gente que esperaba ayudar.

Sin embargo, la película tiene un gran error en su planteamiento al final (Aquí viene un spoiler, quien no la haya visto mejor que no siga leyendo). Al final, el protagonista decide que la solución de todos los problemas es alejarse de la mujer que ama para así no hacerle daño. Algo totalmente estúpido ya que su padre seguiría maltratándola y su hermano se convertiría en un loco, él no influía en esos sucesos para que ocurrieran, sino todo lo contrario, los evitaba. Y, a pesar de todo, sale ella de pasada al final como una persona de éxito. Una lástima de final, queda muy bonito que quedara como un "Amor platónico" pero le quita todo el sentido que pudiera tener la película.
Buscando después un poco más por internet me he enterado que tiene varios finales que aparecen con el DVD, uno de ellos en el que se insinúa que nunca debería haber nacido y se estrangula con el cordón umbilical antes de nacer.

Se hace referencia a la teoría Freudiana sobre la represión de los recuerdos por hechos traumáticos y como defensa del yo (las crisis de memoria del protagonista en las situaciones más trágicas). Y como con la hipnosis regresiva se trata de sacarlas a flote, curioso que al final la única forma para ello sea la lectura de sus diarios.

En cuanto a la Teoría del Caos en la que se basa la película, estoy totalmente de acuerdo con ella. No podemos predecir el comportamiento de sistemas complejos porque somos incapaces de medir o ver todas las relaciones existentes en ellos. La sociedad, el comportamiento de la bolsa, la meteorología,etc, no pueden predecirse, porque hay tal cantidad de elementos relacionados que es imposible que podamos apreciarlos. No hay causa-efecto, no podemos simplificar, puesto que muchas causas son las que intervienen en un efecto determinado.

Pocas cosas en este mundo ocurren por hechos aislados o por una sola causa. La realidad es demasiado compleja para que podamos atrevernos a predecirla, contentémonos de momento con conocerla poco a poco mejor antes de decidir prepotentemente hacia donde se dirigirá.

Si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín, una mariposa puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene.

J. Gleick