16 julio 2006

El mito de la Cola de Reptil en Embriones Humanos

Ayer vi El Señor de la Guerra. Una buena película, plasma de forma excelente hasta donde puede llegar la decadencia humana. Pero como toda película tienes sus fallos y aunque casi todos se me habrán pasado desapercibidos, hay uno que, por razones obvias, no se me ha escapado:



Me ha hecho gracia la frase, no por el hecho en sí, sino porque refleja la creencia de muchas personas. Al fin y al cabo el cine es el reflejo de la cultura de dónde se crea. En el momento en que ves una afirmación así en la pantalla grande, sabes que es porque viene "respaldada" por mucha gente desde atrás. Y si un mito estaba ya asentado, con la difusión que le permite la película, éste se extiende aún más.

La "cola" a la que se refiere este odioso personaje encarnado por Nicolas Cage es exactamente esta:





Alguien al ver las imágenes quizás piense: "¡Coño! ¡Pues tenía razón el traficante, sí tenemos cola de reptil cuando somos fetos a los cuatro meses y medio!"

Primer error, esas fotos no son de cuando el feto tiene cuatro meses y medio, sino cuando está de cuatro semanas. Luego no es un feto, sino un embrión. La diferencia entre uno y otro es la etapa de desarrollo. Llamamos embrión cuando está entre los 15 días y las 8 semanas de desarrollo. A partir de ahí y hasta el nacimiento se le llama feto.

Como podemos observar en un feto de cuatro meses, ya no se aprecia ninguna cola (bueno, si quisiéramos hacer algún chiste con doble sentido, con un 50% probabilidades puede que sí):



Segundo error, las apariencias engañan. Lo que podría parecer una cola de reptil en realidad es algo muy distinto. Se trata sencillamente del desarrollo de la columna vertebral por la zona inferior. Al principio la longitud de ésta es muy grande comparada con el resto del cuerpo del embrión y por eso se parece a una cola de reptil. Cuando pasan las semanas y el cuerpo va creciendo esta cola prácticamente desaparece, sólo queda un vestigio, pero de una verdadera cola, concretamente el cóccix, uno de los órganos vestigiales. Estrictamente hablando, el único remanente de cola que puede considerarse como tal es el cóccix y no es de un reptil, sino de nuestros antepasados de hace más de 20 millones de años, unos antepasados comunes al mono, pero no los monos tal y como los conocemos.

Aquí podemos ver de forma acelerada el desarrollo del embrión y cómo desaparece poco a poco esa cola:



Este mito de la cola de reptil no apareció porque sí y de forma aislada. Tiene su origen en la teoría de la recapitulación. Actualmente, esta teoría está parcialmente rechazada y sólo algunos hechos se aceptan. Hecho al que se agarran los creacionistas como un clavo ardiendo. Extrapolando de forma simplista y con medias verdades al decir que como esa teoría es falsa, luego también es falso que seamos el fruto de la evolución de especies anteriores.

De forma resumida lo que defiende es que durante el desarrollo del organismo se pueden observar paso por paso todas las etapas de su historia evolutiva, lo que se denomina filogenia.

Por ejemplo, si tuviéramos el embrión de un pollo. Según esta teoría, lo que tendríamos que encontrar sería esto:



Cuando, en realidad, lo que encontramos es esto:



Sin embargo, sí que es cierto que comparando morfológicamente embriones de diferentes especies entre sí podemos hacernos una idea de su proximidad. Cuánto más similares sean los embriones/fetos en etapas más tardías del desarrollo, normalmente más próximas serán dichas especies. Pero no por ello se pueden afirmar cosas como que tenemos cola de reptil porque simplemente se le parezca.

En esta famosa imagen de Haeckel, el autor de la teoría de la recapitulación, vemos las semejanzas y diferencias de varias especies en distintas etapas del desarrollo.



Así pues, la creencia actual de la cola de reptil es irónicamente un remanente cultural de la teoría de la recapitulación en nuestra sociedad.